Al séptimo día dice la Biblia que Dios descansó... Pues nosotras al séptimo día ni descansar ni nada. Cierto es que ni somos Dios ni falta que hace, pero un poquito de descanso nos habría venido también estupendamente. Comenzamos la jornada a las 4 am. Nos despertamos a esa hora pues cogíamos el Eurotúnel que nos llevaría a la isla británica a las 7 am. De esta forma, calculamos una hora para prepararnos, cargar coche y demás, otra hora para llegar desde Brujas a Calais, el destino donde se embarca en el tren, y la última hora, esa magnífica hora desde las 6 hasta las 7 en el que pasaríamos, como mero trámite, la aduana para perros. Parecía fácil a priori, pero después no resultó tan sencillo como cabría esperar.
Llegamos a la hora prevista, hasta ahí, todo lo que dependía de nosotras, bien. El señor de la ventanilla amablemente me atiende en inglés, no sé si ya he dicho antes que odio el francés y él me odia a mí del mismo modo en sentido contrario. Pasamos los chips, empieza a mirar los pasaportes perrunos y, de pronto, de la nada me dice: "Troy have a problem", lo miro con cara de "¿qué me estás contando?" y la mujer de la ventanilla de al lado (que estaba aburrida porque a quién va a atender a las 6 de la mañana), creyendo que yo no lo había entendido dice casi gritando (eso de gritarle a los extranjeros cuando no nos entienden no es algo exclusivo de España, parece ser): "PROBLEMA". Vamos a ver, señora, si hay alguna palabra que en inglés se parezca más al español, aparte de "no", es "problem(a)". Mi problem no es entenderle, mi problem es que hay un problem. Así que el que nos atendía continuó con la explicación: faltaba una fecha de la vacuna de la rabia, concretamente la fecha en la que se indicaba cuándo caducaba, porque la que indicaba que se había puesto correctamente estaba, y estaba bien. Así que nos explica que sin esa fecha que nada, que tenemos que esperar a que abra una clínica veterinaria (que si queremos que él llama a alguno para decirnos), que nos ponga la fecha bien, que volvamos, nos da el visto bueno y voilá entramos al tren. Pero claro, entramos a un tren que no era el nuestro, sin una prioridad y, a lo que entráramos, si es que entrábamos... Por suerte, eso no suponía un incremento del precio del billete, que ya teníamos bastante con pagar el veterinario.
Me tuve que guardar las ganas de poner yo misma la fecha en el pasaporte porque iba a dar demasiado el cante, así que con la mala leche subida a to lo alto, esperamos a las 8 a que abriera la clínica veterinaria, gps en mano llegamos al sitio en cuestión. La muchacha que había en la recepción fue la que me puso la fecha correctamente, con el sello correspondiente y listo, otra vez para la aduana del Eurotunel a que nos dieran el visto bueno.
Un "todo ok" y "si os piden dinero enseñad esto" después, nos fuimos hacia la zona de embarque, donde nos dieron la mala noticia de que había retrasos y además que tendríamos que esperar a que hubiera hueco en los trenes. Nos facilitaron una tarjeta en la que la letra "U" marcaba el orden de embarque en el que iríamos y a esperar.
Sobre las 10 de la mañana por fin dieron vía libre para las ues y allí que fuimos, raudas y veloces para que no se arrepintieran de su decisión. Embarcamos en el tren y bastante rápido porque creo que pasé por delante de las "S" y de las "T", a las que habían llamado a la vez que nosotras, pero a mí nadie me paró...
Unos 40 minutos después de que entráramos por ese estrecho túnel que suponía el vagón y el túnel en sí, volvimos a ver la luz y salimos al exterior, ya en otro país, menos extraño (para mí) en cuanto al idioma, pero más extraño en relación a todo lo demás. Con cuidado de ir por el carril de la izquierda partimos dispuestas a llegar a nuestro tan ansiado destino: Cardiff. Pero como sabéis, eso es otra historia.
Por hoy, devuelvo la conexión.
PD: Sé que todos lo habéis visto, pero aquí el enlace de la narración en casi directo:
https://www.youtube.com/watch?v=44OHYl_4z_M&list=PLDVfV1FHcg8DRBXLDkbcxOW35puxCKAjL&index=2

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