jueves, 20 de agosto de 2015
Día 2 - Bilbao
Tras menos de 4 horas y media de viaje desde Madrid llegamos a Bilbao, en busca y captura de la Pensión que nos acogía, esta vez sí, de pago. Parecía que la pensión estaba en Cuenca, así que le preguntamos al muchacho de la misma, que se veía vasco vasco, que dónde estaba el centro. Nos dijo que estaba a 5 minutos del museo Guggenheim. Nosotras, por supuesto tras darle las gracias, salimos algo dudosas pues... ¿cómo son 5 minutos vascos? ¿Serían como cuando un valenciano nos dijo que de la parada del metro al Oceanografic había 10 minutos y tras 40 andando bajo el sol de agosto nos dimos cuenta de que no? No podíamos hacer otra cosa más que comprobarlo, así que allí que fuimos por el camino marcado. ¿Resultado? Sí, estaba a 5 minutos. ¡Olé tuuuu! eran ya casi las 5 de la tarde y no habíamos comido así que la precisión fue de agradecer.
Comimos unos pintxos en uno de los bares que encontramos por el camino, tripadvisor en mano. Sobre ello tengo que decir
que... sí, están ricos y eran (al menos estos) originales y casi de diseño. Pero están sequillos. Al fin y al cabo, si se hicieron para las 12 o 1 de la tarde y llegamos nosotras a la hora que nos dio la gana, cuando llevan en la barra del bar sus buenas 5 horas... Ellos dirán que ¿cómo querremos que estén? Cierto, pero es que por la noche, a una hora razonablemente pronto (las 21h), cuando alguno podría estar recién hechito, también estaban resequillos... pero no me voy a adelantar a los acontecimientos.
Bueno, pues tras comer comenzamos a ver el centro de Bilbao. La verdad es que nos gustó mucho, a pesar de que estaban montando y desmontando andamios por todas partes, ya que este sábado comienza su semana grande, Aste Nagusia, y estaban con los preparativos, pero por lo demás bien. Recorrimos varios kilómetros de calles y barrios turísticos y más chungos. Teníamos ganas de ir a cenar, a pesar de ser aún temprano, así que decidimos ir a probar los talos de La Granja, que se ve que es algo muy típico de allí. Bien, pues no lo hagáis... no es por ná, es que ya no los hacen desde hace 3 años ¬¬ así que nada cayó otro pintxo (del que os hablaba antes, ¿os acordáis? El sequillo... pues ese). Están buenos, si yo no digo que no, pero recién hechos seguro que están mejor.
Tras terminar de cenar nos fuimos ya camino del hotel por la ribera de la ría. Muy bonito el paseo, muy bien cuidado y muy recomendable. Llegamos hasta la zona del Guggenheim que pudimos ver de noche. Aunque no tenía ninguna iluminación, más que las farolas de la ribera, lo cierto es que tiene su encanto. Hay un puente gigantesco justo al lado, con un viaje de escaleras que hubiéramos tenido que bajar de no ser por el ascensor que tiene (oooootro punto pa tí, Bilbao). Ya sólo quedaban los 5 minutos de vuelta a la pensión y los pobres de los perritos (nosotras también, hay que reconocerlo) iban pidiendo la hora. De hecho, Mandy intentaba entrar en todos y cada uno de los portales por los que pasamos, incluído el de un cuartel de la Guardia Civil que estaba allí.
Ya en el hotel nada, Notting Hill para dormir y hasta por la mañana. Ha costado levantarse, estábamos reventadas, pero al final lo hemos conseguido. La pensión tenía el desayuno incluído y menos mal que no he tenido que pagar por eso, porque era bastante escaso tirando a un carajo. Apenas café, agua, sobaos y magdalenas. Era gratis, así que no le hacemos ascos. Pero ¿tanto les costaba poner man que fuera su poquito de pan de molde ahí? Ya tenían la tostadora (que no entendimos por qué estaba si no había pan para tostar, pero bueno).
Carga de bártulos en el coche, gps al canto (con la problemática que un gps conlleva, que a todo el mundo le va siempre bien, menos a una misma) y para Toulouse se ha dicho. Pero como bien sabéis, eso ya es otra historia.
Devolvemos la conexión.
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