lunes, 31 de agosto de 2015

Día 7 Primera parte - Pesadilla en el Eurotúnel

Al séptimo día dice la Biblia que Dios descansó... Pues nosotras al séptimo día ni descansar ni nada. Cierto es que ni somos Dios ni falta que hace, pero un poquito de descanso nos habría venido también estupendamente. Comenzamos la jornada a las 4 am. Nos despertamos a esa hora pues cogíamos el Eurotúnel que nos llevaría a la isla británica a las 7 am. De esta forma, calculamos una hora para prepararnos, cargar coche y demás, otra hora para llegar desde Brujas a Calais, el destino donde se embarca en el tren, y la última hora, esa magnífica hora desde las 6 hasta las 7 en el que pasaríamos, como mero trámite, la aduana para perros. Parecía fácil a priori, pero después no resultó tan sencillo como cabría esperar. 

Llegamos a la hora prevista, hasta ahí, todo lo que dependía de nosotras, bien. El señor de la ventanilla amablemente me atiende en inglés, no sé si ya he dicho antes que odio el francés y él me odia a mí del mismo modo en sentido contrario. Pasamos los chips, empieza a mirar los pasaportes perrunos y, de pronto, de la nada me dice: "Troy have a problem", lo miro con cara de "¿qué me estás contando?" y la mujer de la ventanilla de al lado (que estaba aburrida porque a quién va a atender a las 6 de la mañana), creyendo que yo no lo había entendido dice casi gritando (eso de gritarle a los extranjeros cuando no nos entienden no es algo exclusivo de España, parece ser): "PROBLEMA". Vamos a ver, señora, si hay alguna palabra que en inglés se parezca más al español, aparte de "no", es "problem(a)". Mi problem no es entenderle, mi problem es que hay un problem. Así que el que nos atendía continuó con la explicación: faltaba una fecha de la vacuna de la rabia, concretamente la fecha en la que se indicaba cuándo caducaba, porque la que indicaba que se había puesto correctamente estaba, y estaba bien. Así que nos explica que sin esa fecha que nada, que tenemos que esperar a que abra una clínica veterinaria (que si queremos que él llama a alguno para decirnos), que nos ponga la fecha bien, que volvamos, nos da el visto bueno y voilá entramos al tren. Pero claro, entramos a un tren que no era el nuestro, sin una prioridad y, a lo que entráramos, si es que entrábamos... Por suerte, eso no suponía un incremento del precio del billete, que ya teníamos bastante con pagar el veterinario.


Me tuve que guardar las ganas de poner yo misma la fecha en el pasaporte porque iba a dar demasiado el cante, así que con la mala leche subida a to lo alto, esperamos a las 8 a que abriera la clínica veterinaria, gps en mano llegamos al sitio en cuestión. La muchacha que había en la recepción fue la que me puso la fecha correctamente, con el sello correspondiente y listo, otra vez para la aduana del Eurotunel a que nos dieran el visto bueno. 

Un "todo ok" y "si os piden dinero enseñad esto" después, nos fuimos hacia la zona de embarque, donde nos dieron la mala noticia de que había retrasos y además que tendríamos que esperar a que hubiera hueco en los trenes. Nos facilitaron una tarjeta en la que la letra "U" marcaba el orden de embarque en el que iríamos y a esperar. 

Sobre las 10 de la mañana por fin dieron vía libre para las ues y allí que fuimos, raudas y veloces para que no se arrepintieran de su decisión. Embarcamos en el tren y bastante rápido porque creo que pasé por delante de las "S" y de las "T", a las que habían llamado a la vez que nosotras, pero a mí nadie me paró... 

Unos 40 minutos después de que entráramos por ese estrecho túnel que suponía el vagón y el túnel en sí, volvimos a ver la luz y salimos al exterior, ya en otro país, menos extraño (para mí) en cuanto al idioma, pero más extraño en relación a todo lo demás. Con cuidado de ir por el carril de la izquierda partimos dispuestas a llegar a nuestro tan ansiado destino: Cardiff. Pero como sabéis, eso es otra historia.

Por hoy, devuelvo la conexión.

PD: Sé que todos lo habéis visto, pero aquí el enlace de la narración en casi directo:
https://www.youtube.com/watch?v=44OHYl_4z_M&list=PLDVfV1FHcg8DRBXLDkbcxOW35puxCKAjL&index=2

viernes, 28 de agosto de 2015

Día 6 - Brujas


Brujas, Brujas, Brujas... ¿Qué decir que no se haya dicho ya? Poco puedo decir que no sepáis ya, pero con algo tengo que rellenar este hueco, que si no queda feo. A Brujas realmente llegamos por la noche del día de Gante (léase post anterior si alguno no se lo ha leído, que sois muy comodones). Solatamos todos los cachivaches que tenemos que sacar todos los días, que se me da mejor un tetris que al inventor del mismo, no veas la que liamos... Decidimos dar un paseo por la noche por Brujas pues seguramente al día siguiente no tendríamos muchas ganas de danzar por ahí (¿por qué se dice danzar por ahí? ¿Acaso la gente normal va bailando por la calle?). Allí que comenzamos a andar, pues teníamos entendido que el hotel estaba a sólo 20 minutos del centro (ya veis la nueva percepción del espacio/tiempo, en Málaga 20 minutos andando supone un claro: ¿qué dice? ¡Yo voy en coche!), pero no hicieron falta los 20 minutos completos para empezar a ver cosas bonitas. Todas las esquinas parecían dignas de foto y tal fue así que las hicimos todas.

La verdad es que es una ciudad que parece sacada de un cuento. Los edificios todos con una misma estructura y estilo para que nada desentone. Los canales que la cruzan le dan un encanto a la ciudad que, desde luego, no se puede dejar de admirar. Está todo muy cuidado y, a medida que avanzábamos, nos iba gustando más y más. Tiene carismaza Brujas, la verdad.

Decidimos ir a cenar por el centro esa noche sabiendo que la siguiente no íbamos a ir (teniendo en cuenta que nos tendríamos que levantar a las 4 de la madrugada, a las 9 ya en el hotel para intentar dormir). Vimos que es muy típico en la zona los moules frites, así que allá que fuimos. Estaban buenos, pero ojo... no dejaban de ser mejillones al vapor (con nata que los pedimos, para que tuviera algo distinto) con patatas fritas, que a mí, personalmente, no me pegan las dos cosas juntas pero oye, como ya he dicho alguna vez: allá donde fueres haz lo que vieres. Cuando nos comimos nuestro kilo de mejillones (calculo que habría más o menos eso, porque no se acababan nunca), nos fuimos paseando al hotel.


Sabíamos que las luces, los reflejos en el agua, el ambiente... todo eso había ayudado a que nos gustara tanto Brujas, que iba a ser muy complicado que al día siguiente nos gustara más de lo que ya lo hacía. Cierto que no nos gustó más, nos gustó de otra forma, porque pudimos hacer cosas que el día de antes no pudimos hacer. Por lo pronto y, al contrario que todos los días anteriores, nos apiadamos de los enanos y decidimos darles la mañana libre, así que después de sacarlos a la calle por la mañana los dejamos en la habitación del hotel y nos fuimos a dar otra vuelta por el Brujas diurno.

Pudimos así hacer un recorrido en barquita por los canales, en el que Rocío aprovechó que tenía mi móvil y el palo selfie para hacer 18000 fotos. Media hora de barco muy bien aprovechadas, en el que pudimos observar la mayoría de los edificios. También decidimos subir a la torre (Belfort) a ver sus
47 campanas distintas y las vistas desde esa altura, no recuerdo los metros, pero suficientes (me dicen por el pinganillo que 83 metros). Estuvimos más de 1 hora en la cola para entrar y, como todo buen hijo de vecino tuvimos que pagar por subir más de 300 escalones, a cada planta que subíamos con escalones más pequeños y estrechos que el tramo anterior. No podrían haberle puesto su ascensorito, madre mía qué pechá de subir. Pero bueno, al final esas cosas no están tan mal, porque tienes unas vistas geniales y, si ocurre que estás a una hora cercana a las "en punto" o las "y media" tienes la suerte, como nos pasó a nosotras, que las campanas empiezan a sonar la música que toque en ese momento. En honor a la verdad, y para seguir con mi racha de quitarle el encanto a las cosas, lo cierto es que las campanas suenan mejor desde la distancia, porque cuando las escuchamos desde una de las calles sonaba la melodía del himno de la alegría, mientras que cuando la escuchamos allí en la cercanía que dar estar en el campanario, lo único que se escucha es como el badajo le da un carajazo al borde de la campana. Pero bueno, es una experiencia más.

Comimos en el Quick de la plaza principal de la ciudad mientras nos caía un chaparrón y luego fuimos al hotel a por los perritos, a los que agradecimos su paciencia con un paseo de casi 3 horas por los parques. Fue en ese momento cuando aprovechamos para ir al Lago de los enamorados, donde corrieron por el césped como si no hubiera un mañana, por el monasterio de "inserte aquí un nombre raro" y por otras calles de la ciudad que nos habíamos dejado precisamente porque sabíamos que volveríamos. Nos habíamos dejado un poco de hambre para poder merendar un gofre, típicos en la zona, que estando muy rico, no dejaba de ser un gofre con Nutella. Pero que síííí... muy rico.


Sí, hicimos bien en coger 2 noches de hotel en Brujas, porque disfrutamos mucho del día en Gante y de las visitas, nocturna y diurna por Brujas, una ciudad que no se puede dejar de ver. Altamente recomendable todo. Espero que os hayan dado ganas de ir si aún no habéis estado.

Un beso a todos, devuelvo la conexión.

jueves, 27 de agosto de 2015

Día 5 - Gante



Partimos de Orleans dispuestas a cruzar la frontera, aunque aún no la de nuestro último destino pues decidimos darnos un capricho en el viaje e ir a Brujas. Hablando con los amigos del viaje, todos los que han estado en la zona nos recomendaron que nos pasáramos por Gante, una ciudad más grande pero parecida a Brujas y que, estaba tan cerca, que merecía la pena verla. La idea inicial era ir a Brujas, descargar en el hotel las cosas e irnos para Gante pero en el camino nos dimos cuenta de que eso era una chorrada porque implicaba una ida y una vuelta que no serían necesarios si íbamos primero a Gante, lo veíamos y después de ello íbamos para Brujas, aunque llegáramos más tarde. Con la bombilla encendida cual si fuéramos un sims cambiamos la ruta en el yipies (gps para los no bilingües como yo). Como las carreteras son todo lo largas que son y además, en una ciudad no siempre se encuentra aparcamiento donde se quiere, al final nos dieron las 4 de la tarde y aún no habíamos comido, lo que empezaba a ser una costumbre.

Nos hicimos hueco entre los mares de gente, tranvías y autobuses que pasaban por allí y acabamos comiendo en un bar irlandés (muy ecléctico todo). Una vez saciadas de hambre y sed, Rocío con su pinta de cerveza más feliz que una perdiz (¿Por qué ese dicho? ¿Quién conoce el estado de ánimo de una perdiz? Porque no será por los cuentos, ¿no? Porque en los finales felices desde luego la que menos feliz está es la perdiz, que es a la que se comen... ejem... ya paro). Una vez saciadas, decía, nos dedicamos a disfrutar de la ciudad. Efectivamente es una ciudad preciosa, con unos edificios muy bonitos, de construcción... yo no sirvo para tecnicismos arquitectónicos, pero muy chulos. Fue una pena que la catedral estaba en obras y los andamios le restan un poco de calidad, pero la torre (que se ve que por esta parte de Europa eran muy celebradas) es muy bonita. Y la zona del canal, los puentes, las calles... mola. Mola mucho.



La ciudad, eso sí, estaba atestada de gente. Menudo caos y no sólo por los turistas, que éramos los que más. Pero se veía mucho barullo, los tranvías pasaban muy asiduamente y todo el mundo en medio de las vías, bicicletas por todas partes, también los autobuses contribuían a que el tráfico fuera mayor... Caótico y, por momentos, estresante pero no resta carisma a la ciudad. Tampoco es que pretendiéramos ver la ciudad nosotras solas, aunque sí que notamos la diferencia considerable que existía con las que llevábamos vistas.

Sí, recomiendo ver Gante, a pesar de todo lo caótico que pueda ser o parecer, lo cierto es que merece la pena pasar por allí. Sí recomiendo que sea antes de ver Brujas, pero eso ya lo dejo para el siguiente capítulo. Devuelvo conexión.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Día 4 - Orleans


Catedral Orleans

Continuamos el viaje rumbo a Orleans. La vieja, la Nueva Orleans nos pillaba un poco más lejos y a trasmano. Conseguimos llegar al hospedaje no sin antes dar una vuelta tonta porque las indicaciones del gps eran reguleras. ¡Ojo! Nadie se vaya a pensar que no sabemos leer mapas, de hecho somos bastante duchas en el tema (¿Por qué se dice ducha en algo? En fin, sé lo que significa, para lo eso lo he puesto pero ¿por qué? Bueno, da igual). Lo que decía, somos duchas en lectura de mapas pero, a veces, los gps hacen que se me salte la "jiel". Bueno, a lo que iba que me voy por los cerros de Úbeda. Eran un aparthotel, enfocado a estudiantes, pero no estaba mal, la verdad.

Edificios de la ciudad
Una vez instaladas nos fuimos a visitar Orleans. Nos gustó mucho ciertamente, sí que me pareció un poco vieja, sobretodo por las fachadas de los edificios con tablones de madera como insertados en ella. A lo mejor fue impresión mía, pero lo vi así. Pero las calles son muy bonitas, estrechas con suelos impracticables para muchos tacones (yo ahí no tuve ningún problema, la verdad) y la plaza de Martroi, con unas fachadas geniales y el monumento a Juana de Arco en el centro. Una
catedral, que no vimos por dentro, pero por fuera prometía.

Estaban muy concurridas las calles, la muchachada en la calle y las gentes del lugar y foráneos como nosotras haciendo vida de noche, saliendo a tomar algo o yendo a cenar a horas muy parecidas a las nuestras y pensando en lo que nos quedaba por delante con las horas de comida era de agradecer.

Una pizza y unos tallarines más tarde volvimos dando un agradable paseo por el centro ya que el tiempo, a pesar de estar más al norte de Toulouse y Bilbao y mucho más al norte de Málaga, acompañaba muchísimo. Hizo un día genial y disfrutamos bastante de la ciudad.

Seguro que nos quedamos con muchas cosas que ver, puesto que una tarde da para lo justo, pero nos hicimos una idea de lo que es la ciudad y la verdad es que valió la pena la parada técnica en la ciudad. Así de felices se nos veía a la orilla del Loira.

Bueno, hasta aquí el post de hoy. Siento el retraso pero en fin, es lo que toca. Devuelvo conexión.

sábado, 22 de agosto de 2015

Día 3 - Toulouse




Me han surgido varias veces la misma duda mientras venía de camino a esta ciudad, y es si el nombre iba con una "s" o con dos. Al final he decidido escribirlo como lo hacen aquí, que ya se sabe que allá donde fueres haz lo que vieres, así que yo lo hago. Por lo demás, en lo que a Toulouse respecta ninguna duda. 

Llegamos desde Bilbao, lo que todos deberíais de saber a estas alturas de blog, por otra parte. Llegamos y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad, lo cierto es que el trayecto en coche, el ir con perros y el tiempo disponible no deja lugar a que hagamos mucho más, pero conseguimos hacernos una idea de cómo son las ciudades. En este caso Toulouse... mola.

Llegamos al hotel, uno que se veía pequeñito y cutre pero muy céntrico, lo justo y necesario para poder vivir. La muchacha que estaba en la recepción se quedó un poco confusa cuando le dije: Hola, bonjour, we have a reservartion. ¬¬  Sí, así entro yo en los hoteles, del tirón. Lo cierto es que entre mi inglés y su español, que la muchacha lo intentaba con ahínco, nos entendemos bien, me explica unas cuantas cosas necesarias y todo correcto. Descargamos cosas y nos vamos a dar una vuelta por el centro. 

Nos gustó mucho la ciudad, la verdad. Tiene mucho carisma. Las calles bonitas, los edificios también... lo veo una ciudad muy de ver en un viaje corto, pues es recogida pero tiene cositas que ver. Nos encantaron sus calles, el ambiente, había mucha gente pero no llegando a agobiar, muchas terracitas donde sentarse en una plaza bonita... lo cruza un canal y tiene una ribera del río también muy bonita. En definitiva, es recomendable.

De vuelta al hotel íbamos mirando dónde comernos algún crepe, así hacíamos algo típico. Al final, justo en la calle de nuestro hotel, que a Rocío le pareció la más bonita de todas las vistas, algo en lo que, por una vez, coincido con ella, vimos una crepería. Pues allí mismo, nos dijimos. Como estaba justo debajo del hotel y no iba a suponer dar una vuelta tonta, dejamos a los perros en la habitación y decidimos ir tranquilas. Llegados a este punto, con respecto a las cosas que pueden ocurrir en una crepería diré un par de cosas:

1.- Odio el francés
2.- A veces la gente del norte se pone mooooooouuyyyy tonta.

Lo explico: sí, odio el francés, me parece un idioma que ni viviendo en Francia 100 años voy a poder llegar a entender. Me siento más perdía que el barco del arroz al escucharlo y me siento una idiota al decir las 3 palabras que me sé, a saber: Bonjour, merci, arrevoire. Si me pongo a intentar alguna frase que Rocío me diga parece que voy a acabar escupiendo. No es un idioma que me parezca elegante o dulce y, por todo ello, no me gusta. Tampoco me gusta leerlo porque... no entiendo un carajo. Todo esto para explicar que al ponerme una carta por delante... no sé lo que pone, ni lo que es cada cosa más allá del poulet. Dicho lo cual, os podéis imaginar si conseguimos pedirnos un crepe o no ¬¬. Porque yo no encontraba los crepes salados, sólo los dulces (que sí teníamos claro). Así que, puesto que donde estaban los crepes dulces ponía "Nos noséqué (pero se sabían que eran crepes dulces, ¿vale? ¬¬), cuando vimos "Nos salades" pensamos (llamadnos locas) que eran los crepes salados, y allí había poca cosa reconocible, así que en cuanto vimos uno que ponía poulet y no muchas cosas raras allí que fuimos. Vale, pues resulta que "Nos salades" son nuestras ensaladas ¬¬'  Así que pedimos un wrap de ensalada de distintas lechugas con pollo. Valeeeee. Sí, estaba rico, pero cuando vimos que a los majarones de al lado (el por qué son majarones lo sabréis en el punto 2) les traían unos crepes que menuda pinta tenían se te queda una cara de gilipolla que pa qué. Bueno, pues todo esto de la ensalada y demás lo descubrí yo no porque sea muy lista, sino porque cuando fui a pagar dentro vi que en la puerta estaba la carta en español y vi donde estaba cada cosa. "Nos galetes" era a solución a nuestros problemas. Si alguna vez vais a Toulouse, a una crepería que hay en la Rue du Taur, acordaos de nosotras y pedid galetes. Tienen buena pinta. 

En el punto 2 no me demoraré tanto. La cosa es que había una mesa al lado nuestra de 3 españoles y un francés, que se enteraba sólo de la mitad de lo que decían (la novia le iba traduciendo), pero sonreía y asentía con todo. Y empezó la otra pareja (el lumbreras y la otra) a decir que a los gaditanos no se les entiende y no sé qué carajo más. Pues si a los de Cádiz no les entiendes es que eres muuuuu tonto. Por suerte para mí no entró con el tema malagueño, que ya estaba yo bastante encendidilla con lo otro. Después la otra que si ella es más de cuestas arriba y de pasar frío. Pues entonces no vayas para el sur que no te hace falta pa naaaaa. Ejem... ya lo dejo.

En fin, que nos lo pasamos muy bien, la verdad. Que todo es mooooouy bonito y que si alguien está interesado es una ciudad que merece la pena visitar. Ya os dejo que bastante me he explayado hoy.

Ah! Que sepáis que vimos Toulouse, pero ni al Latrec ni a los gatos. Algo habremos hecho mal.

Devolvemos la conexión.

jueves, 20 de agosto de 2015

Día 2 - Bilbao


Tras menos de 4 horas y media de viaje desde Madrid llegamos a Bilbao, en busca y captura de la Pensión que nos acogía, esta vez sí, de pago. Parecía que la pensión estaba en Cuenca, así que le preguntamos al muchacho de la misma, que se veía vasco vasco, que dónde estaba el centro. Nos dijo que estaba a 5 minutos del museo Guggenheim. Nosotras, por supuesto tras darle las gracias, salimos algo dudosas pues... ¿cómo son 5 minutos vascos? ¿Serían como cuando un valenciano nos dijo que de la parada del metro al Oceanografic había 10 minutos y tras 40 andando bajo el sol de agosto nos dimos cuenta de que no? No podíamos hacer otra cosa más que comprobarlo, así que allí que fuimos por el camino marcado. ¿Resultado? Sí, estaba a 5 minutos. ¡Olé tuuuu! eran ya casi las 5 de la tarde y no habíamos comido así que la precisión fue de agradecer.

Comimos unos pintxos en uno de los bares que encontramos por el camino, tripadvisor en mano. Sobre ello tengo que decir
que... sí, están ricos y eran (al menos estos) originales y casi de diseño. Pero están sequillos. Al fin y al cabo, si se hicieron para las 12 o 1 de la tarde y llegamos nosotras a la hora que nos dio la gana, cuando llevan en la barra del bar sus buenas 5 horas... Ellos dirán que ¿cómo querremos que estén? Cierto, pero es que por la noche, a una hora razonablemente pronto (las 21h), cuando alguno podría estar recién hechito, también estaban resequillos... pero no me voy a adelantar a los acontecimientos.

Bueno, pues tras comer comenzamos a ver el centro de Bilbao. La verdad es que nos gustó mucho, a pesar de que estaban montando y desmontando andamios por todas partes, ya que este sábado comienza su semana grande, Aste Nagusia, y estaban con los preparativos, pero por lo demás bien. Recorrimos varios kilómetros de calles y barrios turísticos y más chungos. Teníamos ganas de ir a cenar, a pesar de ser aún temprano, así que decidimos ir a probar los talos de La Granja, que se ve que es algo muy típico de allí. Bien, pues no lo hagáis... no es por ná, es que ya no los hacen desde hace 3 años ¬¬   así que nada cayó otro pintxo (del que os hablaba antes, ¿os acordáis? El sequillo... pues ese). Están buenos, si yo no digo que no, pero recién hechos seguro que están mejor.

Tras terminar de cenar nos fuimos ya camino del hotel por la ribera de la ría. Muy bonito el paseo, muy bien cuidado y muy recomendable. Llegamos hasta la zona del Guggenheim que pudimos ver de noche. Aunque no tenía ninguna iluminación, más que las farolas de la ribera, lo cierto es que tiene su encanto. Hay un puente gigantesco justo al lado, con un viaje de escaleras que hubiéramos tenido que bajar de no ser por el ascensor que tiene (oooootro punto pa tí, Bilbao). Ya sólo quedaban los 5 minutos de vuelta a la pensión y los pobres de los perritos (nosotras también, hay que reconocerlo) iban pidiendo la hora. De hecho, Mandy intentaba entrar en todos y cada uno de los portales por los que pasamos, incluído el de un cuartel de la Guardia Civil que estaba allí.

Ya en el hotel nada, Notting Hill para dormir y hasta por la mañana. Ha costado levantarse, estábamos reventadas, pero al final lo hemos conseguido. La pensión tenía el desayuno incluído y menos mal que no he tenido que pagar por eso, porque era bastante escaso tirando a un carajo. Apenas café, agua, sobaos y magdalenas. Era gratis, así que no le hacemos ascos. Pero ¿tanto les costaba poner man que fuera su poquito de pan de molde ahí? Ya tenían la tostadora (que no entendimos por qué estaba si no había pan para tostar, pero bueno).

Carga de bártulos en el coche, gps al canto (con la problemática que un gps conlleva, que a todo el mundo le va siempre bien, menos a una misma) y para Toulouse se ha dicho. Pero como bien sabéis, eso ya es otra historia.

Devolvemos la conexión.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Día 1 - Madrid

Salimos de Málaga tarde, como era de esperar en nosotras, pero sobretodo por culpa de todo el equipaje. Al fin y al cabo nunca una mudanza fue fácil. Con una corta parada entre medias a las 9 de la noche llegamos a Madrid. Por suerte aparcamos en la puerta de donde nos hospedamos, una pareja muy simpática que nos abrió las puertas de su casa. Un bed&breakfast muy exclusivo, para pituseros, donde los anfitriones son de lo mejor que se puede uno encontrar en la vida.

Cenamos por la zona, en Tierruca, donde nos pusieron, entre otras cosas, unas patatas bravas que más que bravío tenían mala leche, pero nosotros nos lo buscamos, la verdad. Las pedimos y en la carta ponía bravas, si queríamos unas papas con mayonesa las tendríamos que haber pedido.

El único fallo que cometimos, imperdonable por mi parte, es no haber hecho foto del momento con la magnífica compañía que teníamos. Sin embargo, la foto que sí tengo es la que incorporo en esta entrada. Un libro que seguro me será imprescindible para entenderme con los galeses. Para eso o para que se rían de mí, una de dos.

En fin, hasta aquí la entrada de hoy. El interné en esta pensión es más bien una porquería, así que no voy a poder subir el día 2 de Bilbao, lo intentaré mañana.

Hasta aquí la retransmisión del día, devolvemos la conexión.

PD: Sí, sé que por ahora las retransmisiones son aburridillas, pero dadme tiempo, que es que estoy cansá!

martes, 18 de agosto de 2015

Preparados...

¿Hola? ¿Hola? ¿Se me lee? Ejem... bien, bien. Bueno, pues aquí me hallo preparando un viaje de cambio, y este medio me ayudará a mostrar el camino a recorrer.

Pero lo primero es lo primero. Así  que me presento, muy escuetamente, en "emprendiendo". Alguien dijo alguna vez que los andaluces no emprendemos. Pues aquí me tenéis, emprendiendo un viaje de emigración indefinida, que sirva para resetear la mente y volver, cuando se pueda, con fuerzas para seguir aguantando los chaparrones que nos quedan por estos lares. Por supuesto, uno de los objetivos, qué duda cabe, es "emprender a hablar estraero".

Os dejo, que aún hay cosas por hacer. En un par de horas comienza el viaje. Espero que me acompañéis.